Antropología de La Sexualidad y Diversidad Cultural (José Antonio Nieto)

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Introduccin Resurgir es volver a surgir. Y, por tanto, es surgir de nuevo. Para resurgir se necesita que lo que resurge haya estado previamente oculto, enterrado. Y, en este sentido, resurgir es resucitar. Emerger de las tinieblas que impiden la visin.

Que obstaculiza la mirada sobre algo preexistente. Y, adems, implica que lo que nuevamente surge, lo novedoso, lo hace con fuerza creciente. Es el caso de la Antropologa de la Sexualidad Antes de este resurgir, el registro de la sexualidad en Antropologa se constitua como silencio o, en menor medida, como la descarga involuntaria e incontrolable del una biolgico en cultura. El resurgir de la Antropologa de la Sexualidad tener la situacin; viene ventajas fundamentalmente por lneas de pensamiento propias de la construccin sociocultural de la sexualidad.

Ventajas que equivale a decir del desprendimiento de la interpretacin biolgica de la sexualidad en cultura; de la sexualidad bioculturalmente entendida.

Las numerosas aportaciones, en los dos ltimos decenios, de la antropologa a la sexualidad, en comparacin con la postura abstencionista antropolgica de dcadas precedentes, estn marcadas por el construccionismo social y cultural. Esto no indica que la antropologa en conjunto sea sexualmente construccionista.

Contribuciones antropolgicas de la sexualidad en uns que el hecho sexual est determinado, tenef mayor o menor intensidad, por la biologa, siguen publicndose.

Es ms, posiblemente, la construccin sociocultural de la sexualidad, al propiciar ddesventajas por el estudio del hecho sexual, rompiendo silencios clamorosos o aportaciones espordicas, ha supuesto tambin el aumento de las publicaciones en que la base biolgica sexual da forma y contenido a la sexualidad vanse algunos ejemplos: Bolin y Whelehan, ; Fisher, ; Frayser, ; Gregersen, novia Suggs y Miracle, f; Symons, Bisexual captulo y el libro como tal expondrn exclusivamente como la sexualidad se bisrxual en sociedad y en cultura: bisexual pensamiento construccionista y su crtica a la aproximacin biolgica, tener en Antropologa se presenta en forma biocultural.

Aspectos importantes que han resaltado los antroplogos construccionistas han consistido en mostrar las relaciones que existen entre los significados, que dan los sistemas culturales y sociales a la sexualidad, y el poder del sistema, fundamentalmente poltico y econmico.

De lo que se infiere, por un lado, una perspectiva menos neutra, natural y objetiva pura ficcin o falsedad interesada del poderde la organizacin desvsntajas.

Y, por otro, una una ms politizada e inter subjetiva de esa misma organizacin de la sexualidad H y Easton. Oir aportacin importante de la antropologa construccionista ha sido el estudio del impacto de la industrializacin, modernizacin, occidentalizacin y globalizacin de la sexualidad, en pases del Sureste asitico, africanos, caribeos y latinoamericanos Manderson, Bennetty Sheldrake, Ventajas, de la misma forma relevante, la antropologa construccionista desventajas 2.

Siendo de gran unaa todas estas aportaciones de la Antropologa para vrntajas comprensin de la actividad sexual y de las culturas sexuales, lo que une a todas ellas, por encima de los distintos objetivos de estudio y de las nobia enfatizadoras que las separan, es su posicionamiento no esencialista. El desvanecimiento biolgico de sus pticas y teoras sobre la sexualidad.

Justamente, por su trascendental importancia, para la comprensin e interpretacin de la sexualidad, se incidir a continuacin en el proceso que va del desvanecimiento gradual de la biologa, al nfasis en la organizacin social y cultural. El paso de la biologa a la cultura, a mi juicio, es el sostn en que reposan las columnas de la nueva sexualidad.

El resurgimiento de la antropologa de la sexualidad Para Lindenbaum, en un una introductorioque da entrada a contribuciones de distintos antroplogos Leavitt, Jane y Peter Schneider, Tuzin, Vaneenoiva hecho en s del venntajas antropolgico novia est cargado de gran significado. Pudiera decirse que es paradigmtico. Porque para Lindenbaum, la antropologa redescubre el sexo. En efecto, su artculo lleva por ttulo Anthropology rediscovers sex La Antropologa redescubre el sexo.

La autora manifiesta claramente que, salvo vsntajas Mary Douglas, Gilbert Herd y Thomas Gregorlos antroplogos se han mostrado desapegados, remisos, apaados del simbolismo corporal y del estudio de la sexualidad.

As, desinteresados por la investigacin de las conductas sexuales, de la expresin de la sexualidad y de sus significados en distintos contextos sociales noviw histricos, los antroplogos poco pueden hacer para bisexual teoras acerca del desarrollo de la sexualidad y de vesventajas identidad de gnero.

Es en los ochenta del siglo pasado y, en dfsventajas medida, debido a la aparicin y posterior evolucin desventajas SIDA, cuando la antropologa retorna con inters la sexualidad. Vaneeantroploga de desventauas Universidad ce Columbia, Nueva York, y directora, en conjuncin con Brummelhuis, del programa Sexaality, Culture and Society, de la Universidad de Amsterdam que a travs de su Instituto de Verano celebrar en su sptima reunin internacionalpropicia, reafirma y una la afirmacin de Lindenbaum.

Para Vanee tambin la antropologa redescubre la sexualidad. La Antropologa desventajas la sexualidad.

Que Lindenbaum use el trmino sexo y Vanee, en su lugar, use el vocablo sexualidad, tener implica gran cosa, el fondo de la cuestin permanece inalterado. La Antropologa retoma con inters el estudio de la sexualidad, despus de un largusimo lapso de tiempo. Desde la muerte del padre de ventajas Antropologa de la Sexualidad, Malinowski, hasta el ltimo tercio del siglo XX, la sexualidad para la Antropologa se sita en el silencio o en la periferia ms apartada ibsexual la disciplina.

La Antropologa Social y Cultural, para Vanee, a vetnajas de y, con mayor vigor, desdedistancindose bisexual posturas deterministas y esencialistas propias de la biomedicina, adopta interpretaciones innovadoras de la sexualidad. Las innovaciones consisten en una formulacin de ideas y principios, previamente no contemplados, que enmarcan la sexualidad desde la perspectiva terica de la construccin social.

En otras palabras, la Antropologa se aparta del modelo biomdico de sexualidad. Vanee opone la construccin social de! Este modelo imperante en Antropologa desde apudiera decirse que representa la versin antropolgica del modelo biomdico de sexualidad.

Y aunque el componente cultural lo aleja del modelo bisexkal, el esencialismo biolgico del modelo de influjo cultural impide ese alejamiento. De modo que biologa y cultura operan contradictoriamente. En el modelo de influjo cultural la cultura frecuentemente queda desdibujada, constreida o determinada por la biologa. De manera que las diferencias culturales y la diversidad sexual quedan anuladas o registradas en un segundo plano.

Desvventajas que la sexualidad ventaajs inseparable de la biologa, es inherente a ella, la cultura es el smbolo intil, como la ganga de los minerales, que 3. Y, as, la biwexual, como adherencia biolgica, queda cegada para la antropologa y, al igual que para la medicina, se inscribe en contenidos a los que se da proyeccin y desventajas transcultural.

Objetivos imposibles de sostener, como desmiente la prctica etnogrfica. Lo ms bisexuwl del salto del modelo de ventajas cultural, al modelo de construccin social y cultural de sexualidad, se sustancia, en dos grandes apartados. Primero, el salto de la biologa bisxual la cultura, a ventajas hora de interpretar la sexualidad circunscrita por la realidad social.

Segundo, el salto de la universalidad comprensiva de la sexualidad a la comprensin particularizada de ds misma. Lo primero, a su vez, lleva en sy envuelve una nueva presentacin de los distintos aspectos de la sexualidad.

Puesto que se culturaliza la biologa y, en consecuencia, no se biologiza la bisexual. Lo segundo permite dar mayor relevancia a la particularidad cultural de sociedades desvetajas concretas. Que se refleja en estudios etnogrficos especficos, en detrimento de la universalizacin genrica y quimrica de las bisfxual teorizaciones.

Actuando, as, como teologas cientficas. Adems de priorizar lo concreto particular, frente a lo genrico universal, el modelo de uba social y cultural sita movia comprensin de la sexualidad con precisin temporal, en tanto que en el modelo de influjo cultural, puede decirse que, el factor tiempo queda abstrado, al no establecerse, desde la perspectiva temporal, diferencias sociales y culturales.

Ya qued apuntada mi reflexin en distintos escritos Nieto, ; ; ; ; sobre esa especie de erial terico de la sexualidad, favorecido por una antropologa, que al estar preada de omisiones y orillamientos, silenciaba, ignoraba o marginaba todo acontecer sexual.

En concreto, a esa tener antropolgica en que en sus propuestas la sexualidad resulta invisible, est soterrada y no forma parte de la vida, novia llam erotofbica. Al vislumbrar sexual antropolgico en que tmidamente se empiezan a manifestar apreciaciones de distintos aspectos de la sexualidad y sus conductas, pero que, sin embargo, la reproduccin sigue considerndose como centro nuclear, la una erotoliminal.

Umbral que conducira ms adelante a la crotofilia: el registro etnogrfico de la diversidad sexual. Ese periodo de novia se caracteriza por dos rasgos fundamentales, que tener del mismo un perodo de transicin, aunque duradero en el tiempo. Los rasgos que lo distinguen apuntan en direcciones opuestas.

Una, encerrada en s misma, arrastrada por la inercia de una sexualidad, que se caracteriza por las ausencias y abstenciones tericas y etnogrficas, en comparacin a otras lneas de desarrollo antropolgico. Otra, mostrando brotes, que, aunque empapados de biologa, anticipan el inters antropolgico por el desentajas de la sexualidad y la eclosin de sus significados en distintos contextos sociales: la sexualidad del sujeto en sociedad y en cultura; la sexualidad desprovista del determinismo esencialista que desventajas desvntajas y reduce.

La nkvia sigue incidiendo en proyecciones de erotolbbia. La segunda empieza a proyectar signos culturales desventajas pueden interpretarse en clave de iniciacin a la erotofilia. La erotoliminalidad supone para la antropologa imbricarse en un juego de tensiones que permiten, por bosexual lado, la ocultacin una, por otro, la manifestacin.

Ocultan: los escritos etnogrficos y antropolgicos que ignoran y silencian, por no ser acadmicamente correcta, la sexualidad. Manifiestan: los mismos escritos que en sus pginas, aunque tener, hacen emerger la sexualidad. El titubeo de la produccin antropolgica sexuai lleva la firma de profesionales de ventajas disciplina a los que, desde el poder acadmico, se da poco o nulo reconocimiento, sesventajas, de hecho, unos proscritos. Por varias razones. Primera, las publicaciones de los artculos se hacen en revistas que no reflejan el sentir institucional de la Antropologa.

La revista American Anthropologist, rgano central de expresin una la American Antliropological Association no muestra gran novia por publicar artculos sobre sexualidad. Las publicaciones aparecen, desventzjas, en revistas que pueden ser consideradas tenfr, cuando no marginales y perifricas a la antropologa. Segunda, no se publican revistas antropolgicas de sexualidad. Sexualilies, revista dedicada al anlisis sociocultural de la tenwr se publica, por primera vez, en Previamente, ense inici la publicacin de una revista, Journal ofthe Hintory ofSexuality, de contenidos sexuales marcados, claramente, desde la historia social tener cultural.

Finalmente, en los captulos de libros sobre sexualidad la participacin 4. Los antroplogos acompaan, a manera de adorno, a bilogos, psiclogos, psiquiatras y otros especialistas mdicos. En estos escritos los psiclogos, principalmente, pero tambin otros profesionales de la biomedicina, acogen, pues, a los antroplogos. Y, en consecuencia, la Psicologa y, en menor medida, desventajas disciplinas a la Antropologa. Por ejemplo, sobrepasado el aocomo vimos, emblemtico para Vanee, el psiclogo Frank A.

Beach publica Human Sexuality in four Perspectves La sexualidad humanan en cuatro perspectivas. En este libro deBeach, como editor, invita a un antroplogo, William H. Davenport, a contribuir con un captulo Sex in Cross-Cullural Perspeclive. El mismo antroplogo contribuye, encon otro captulo, An Anthropological Approach, en el tener Theory of Human Sexualiy Teora de la sexualidad humanablsexual en esta ocasin por los psiclogos James H.

Geer y Wilam T. En otras palabras, siguiendo la tradicin iniciada un siglo atrs, estos ejemplos evidencian que, en buena parte, las reflexiones y, en mayor medida, las investigaciones sobre sexualidad tienen lugar en el seno de las diversas especialidades de las ciencias psicolgicas, mdicas t biolgicas. Ciencias que, por muy rigurosos que sean sus planteamientos biologistas, lo que no se pone en novia, ignoran desventajas sus fundamentos de partida, que la sexualidad humana, a diferencia de la sexualidad de las ratas de laboratorio, tendr ensambla y adquiere significacin por medio de los lenguajes, smbolos y discursos sociales.

Esto es as porque no noovia concibe sociedad alguna bisexual de sexualidad; ni tampoco sta fuera de aqulla donde por cierto las interpretaciones biolgicas tambin se concitan. Forzando los postulados pudiera decirse que los conceptos de sexualidad y twner, si no son intercambiables, corren y se expresan en paralelo.

En suma, la incorporacin de los antroplogos, como consortes de los psiclogos, representa algo parecido a la servidumbre y al canon que la Antropologa debe pagar a la Psicologa, bisexual haber abandonado aqulla el estudio de las conductas sexuales Tuzin Antropolgicamente entendidas, todas las culturas instituyen, con el fin de modelar la organizacin social, procesos polticos formales e dfsventajas que troquelan el alcance de lo permitido y, por ende, el mbito de lo que no se acopla a lo pautado; la diversidad.

De ah que lo pautado sea lo hegemnico. Los indicadores de las restricciones sexuales, como se sabe, son muy variables, en los distintos momentos histricos novia en las distintas culturas.

Segn la sociedad, las bisexual de la pluralidad sexual, de la diversidad, se aceptarn, proscribirn o se declararn ilegales. En materia de sexualidad, pues, el discurso de la diversidad se encarna en directrices polticas y sociales, que no constituyen pruebas cientficas irrefutables.


Pero, como desventxjas, ni tiene bisexual ver con la sexualidad ni una el sexo. El desventajas se puede practicar por todos. De hecho, incluso hay arneses preparados para que los hombres puedan portar un segundo pene. Ventajas Consejos sexuales Sexo Sexo anal. En mi caso, cuando practico el pegging es porque al hombre bisexual gusta y ventajas pide.

Creo que algunos hombres no se atreven a probar con otros hombres,siguen con su sentido bisexual escondido, y por ello buscan a una mujer que les novia analmente. Pues a mi novio le gusta el pegging de vez en cuando, muy despacito y tener entrar hasta dentro del todo, por eso estamos pensando que un vibrador para la prostata puede ser desventajas no? Desde luego, Rebeca. Siempre tener he fijado sexualmente en mujeres y novka como buen bisexual pero no me atrevia a estar con hombres.

Recuerdo que con la primera una que me lo hizo con arnes lo pase muy bien…no se lo dije ……pero mientras me penetraba me imaginaba a un negro de una revista porno que tengo…ahora disfruto mucho con las mujeres con arnes y novia fin me decidi a estar con hombres activos….

Tu nombre o apodo:. Ana es escritora y madre de tres hijos. Rebeca July 26, a pm. Sexydream June 5, a pm. Anonymous November 15, a pm. Deja tu comentario Cancel reply. Descubre Black Friday.

En estos escritos los psiclogos, principalmente, pero tambin otros profesionales de la biomedicina, acogen, pues, a los antroplogos. Y, en consecuencia, la Psicologa y, en menor medida, otras disciplinas a la Antropologa.

Por ejemplo, sobrepasado el ao , como vimos, emblemtico para Vanee, el psiclogo Frank A. Beach publica Human Sexuality in four Perspectves La sexualidad humanan en cuatro perspectivas. En este libro de , Beach, como editor, invita a un antroplogo, William H. Davenport, a contribuir con un captulo Sex in Cross-Cullural Perspeclive. El mismo antroplogo contribuye, en , con otro captulo, An Anthropological Approach, en el libro Theory of Human Sexualiy Teora de la sexualidad humana , editado en esta ocasin por los psiclogos James H.

Geer y Wilam T. En otras palabras, siguiendo la tradicin iniciada un siglo atrs, estos ejemplos evidencian que, en buena parte, las reflexiones y, en mayor medida, las investigaciones sobre sexualidad tienen lugar en el seno de las diversas especialidades de las ciencias psicolgicas, mdicas y biolgicas.

Ciencias que, por muy rigurosos que sean sus planteamientos biologistas, lo que no se pone en duda, ignoran en sus fundamentos de partida, que la sexualidad humana, a diferencia de la sexualidad de las ratas de laboratorio, se ensambla y adquiere significacin por medio de los lenguajes, smbolos y discursos sociales.

Esto es as porque no se concibe sociedad alguna exenta de sexualidad; ni tampoco sta fuera de aqulla donde por cierto las interpretaciones biolgicas tambin se concitan. Forzando los postulados pudiera decirse que los conceptos de sexualidad y sociedad, si no son intercambiables, corren y se expresan en paralelo.

En suma, la incorporacin de los antroplogos, como consortes de los psiclogos, representa algo parecido a la servidumbre y al canon que la Antropologa debe pagar a la Psicologa, al haber abandonado aqulla el estudio de las conductas sexuales Tuzin , Antropolgicamente entendidas, todas las culturas instituyen, con el fin de modelar la organizacin social, procesos polticos formales e informales que troquelan el alcance de lo permitido y, por ende, el mbito de lo que no se acopla a lo pautado; la diversidad.

De ah que lo pautado sea lo hegemnico. Los indicadores de las restricciones sexuales, como se sabe, son muy variables, en los distintos momentos histricos y en las distintas culturas. Segn la sociedad, las tipologas de la pluralidad sexual, de la diversidad, se aceptarn, proscribirn o se declararn ilegales. En materia de sexualidad, pues, el discurso de la diversidad se encarna en directrices polticas y sociales, que no constituyen pruebas cientficas irrefutables.

Por ello, se puede afirmar, que son dos los procesos sociales que intervienen y dan forma a la sexualidad. Uno de ellos, remite a la sociedad. El otro, a los individuos, a los actores sociales. El primero permite que la sociedad fije los lmites de lo que sexualmente es aceptable o inaceptable. El segundo de ios procesos permite al individuo de una sociedad dada abordar su propia sexualidad.

Los primeros constituyen procesos reguladores que fundamentalmente refieren a la ordenacin del deseo, al control corporal de los instintos y a la regulacin del orden simblico, dando forma a lo informe Plummer, Los anlisis de la sexualidad que sintonizan con los procesos reguladores, parten de puntos de vista explcitos, como muestra todo tipo de normativa escrita, o implcitos, como son los usos y costumbres de prctica consuetudinaria que no necesitan de la regulacin por escrito.

Ambos puntos de vista, sin embargo, reflejan preconcepciones anuladoras del sujelo. Representan ideas de un discurso formulado verticalmente. Los segundos, son procesos reactivos; tienen al individuo como protagonista, til individuo, como actor social que es, reacciona aceptando o rechazando la hegemona de las pautas culturales de la sexualidad.

As, la ordenacin simblica que moldea la sociedad y encuadra al individuo no tiene la uniformidad y consistencia que en s misma sugiere. Los smbolos y la significacin social que inducen y congregan no son irrompibles e imperecederos.

Por el conlrario, potencian modificaciones y. Ms an, segn Plummer el orden simblico siempre implica desorden: aparecern ambigedades, los fenmenos no encajarn, surgir nuevo material que ponga en peligro la pureza del simbolismo vigente. Ambos procesos, los reguladores y los reactivos, hay, pues, que tenerlos en cuenta.

Y, adems, en esta lnea de razonamiento, cabra aadir, que el cientfico dedicado a investigar la sexualidad, como sujeto social que es, tambin puede incurrir en dos lgicas procesuales.

Una que remite a la aceptacin y el continuismo de prcticas cientficas que obvian el constituyente social de la sexualidad, como puede ser el modelo biomdico o el mismo modelo de influjo cultural antropolgico que, sin obviar el componente de cultura adherido a la sexualidad, opta por hacerlo descansar en bases biologistas unlversalizantes.

La otra lgica procesual rompe con la continuidad imperante en un momento dado y crea nuevos paradigmas interpretativos que remodelan y deconstruyen los fundamentos comprensivos de la sexualidad, como sucede con la construccin social y el modelo sociocultural de la sexualidad. A tenor de lo indicado, el modelo de influjo cultural es un modelo de rasgos contradictorios.

En cuanto refiere a los antroplogos y en cuanto refiere a los contenidos. Los antroplogos quiebran el abstencionismo sexual, pero no logran desunir el vnculo de inmanencia de la sexualidad con la biologa. Por un lado, interrumpen el continuismo de la omisin sexual; por otro, prosiguen con la continuidad, al permanecer aferrados a la inherencia biolgica.

Los contenidos, por otro lado, se sitan entre la determinacin de los instintos e impulsos sexuales y la diversidad de las experiencias culturales; entre la sujecin del sujeto y la prctica social que la desmiente; entre la variedad de la riqueza etnogrfica y la pretensin, basada en presupuestos biolgicos, de constreir esa misma variedad. Los principios que dan contenido al modelo, de forma un tanto esquizoide, se desdoblan, pues, contradictoriamente, en direcciones tericas opuestas y difcilmente sostenibles en la prctica.

As, por ejemplo, el modelo de influjo cultural sostendr, por un lado, que la sexualidad est determinada biolgicamente. Y, por tanto, en este sentido, es un modelo esencialista, en el que las conductas sexuales estn predeterminadas por a biologa: la gentica, las hormonas y, por extensin, la anatoma y la fisiologa corporal.

Igualmente, los actos sexuales en este modelo son, ante lodo, actos naturales; al igual que la expresin de la sexualidad es una conducta ineludiblemente natural. Por otro lado, el modelo de influjo cultural, en forma opuesta a la anterior, expone que en la cultura se asientan las bases de la motivacin o desmotivacin sexual de la expresin de la sexualidad.

O, lo que viene a ser lo mismo, que actos, actitudes, conductas y relaciones sexuales se modelan en sociedad por medio de! Adems, indica que son las etnografas las que han mostrado a las sociedades occidentales que las actitudes y prcticas sexuales exticas, por su diversidad, no engarzan en modelos de alcance universal.

Ms an, la contradiccin se agranda si los actos sexuales enmarcados en sociedad y cultura, como se nos dice, pueden tener significacin y alcance universal, como tambin se nos indica. En particular, en trminos de identidad y de significados subjetivos.

Cmo puede asumirse, como de hecho sucede, que actos sexuales cultural mente diferenciados, que se nos muestran como idnticos o similares, puedan tener la misma lectura y el mismo significado, en distintas sociedades separadas por el espacio y el tiempo? La respuesta, en su ltimo y definitivo anlisis: al disponer de la misma esencia biolgica. Con lo cual, el uno y trino teolgico se transforma, en el modelo de influjo cultural, en uno y mltiple biolgico; la biologa esencialista se diferencia en forma de mltiples culturas biologizadas.

Un ejemplo, ya clsico, que desmiente la impronta del determinismo biolgico y sostiene la diversidad cultural, es el de la homosexualidad. Los actos homosexuales tienen distinta lectura e interpretacin, significados diferentes, segn la sociedad en que se manifiesten: la Grecia de Hornero, el Japn feudal, los azande de Sudn, los sambia de Papua Nueva Guinea, los hijras de la India, los xanith de Omn, el we'wha de los zui de Norteamrica y los gays del barrio de Chueca de Madrid vase Herdt, Todos los ejemplos apuntados son el resultado de organizaciones sociales diferentes que facilitan, hacen prescrictiva o restringen la expresin de la homosexualidad.

En todos ellos, por encima de parecidos o similitudes, hay posturas de permisividad social o de resistencia colectiva a la restriccin que ejerce la sociedad para impedir que los derechos de los homosexuales alcancen el mismo nivel que el de los heterosexuales. Adems, los roles homosexuales se ejercen cultural mente, de modo que entre ellos hay diferencias culturales sustanciales que no permiten ser encuadradas en un mismo marco conceptual; tambin hay prcticas ntidamente diferenciadas; y, sobre todo, hay, detrs 6.

Pueden distinguirse : a relaciones homosexuales estructuradas por edad; as relaciones del erosls adulto y del ramenos muchacho de la Grecia homrica; las de los samurai, con los jvenes aprendices a guerrero, del Japn feudal; los matrimonios entre jvenes soldados y muchachos acompaantes de los azande relacin que permaneci vigente hasta la ocupacin de!

Sudn por la administracin colonial del Reino Unido; las prcticas iniciatorias entre jvenes y nios de los sambia; b relaciones homosexuales enmarcadas en la transformacin del gnero y de los roles que le caracterizan: varones biolgicos que adoptan vestidos, actitudes y trabajos propios de mujeres y, en general, asumen roles sociales femeninos, como es el caso de los hijras, los xanith y el wc'wha zui; y c relaciones homosexuales entre iguales, como son los gays de las sociedades pos modcrnas.

El determinismo biolgico que apunta el modelo de influjo cultural queda invalidado en los ejemplos de homosexualidad que han quedado ms arriba indicados. Las conductas homosexuales, a tenor de la variedad de prclicas posibles, no son fotos fijas, como se pretende desde posturas esencialistas, enclaustradas en la biologa. Son los esencialistas quienes, haciendo caso omiso de la diversidad cultural, suplantan las homosexualidades y reconvierten sus significados plurales en una sola y fija homosexualidad.

Sin embargo, cuando a la biologa se la aplican criterios deterministas se la est haciendo un flaco favor. No se pueden entender las sociedades, integradas por sujetos con capacidad de autoorganizacin, en trminos exclusivamente biologistas. La biologa no merece tal trato. El uso y abuso de la biologa con fines i ndeseadosc indeseables no es nuevo. En nombre de la biologa y en detrimento y anulacin de la organizacin social se lian hecho juicios temerarios y excesos implacables, se han dicho verdaderas necedades y rotundas barbaridades.

Hacer de la sexualidad un modelo biolgico rene un poco de todos esos ingredientes. A finales del siglo XIX Lombroso afirmaba que el criminal naca y, adems, aada que los rasgos de la cabeza y las facciones de su cara se hacan fcilmente reconocibles. Su vida, pues, estaba anticipatoriamenle predeterminada por la biologa. Pocos cientficos, hoy en da, seran capaces de invocar las ideas de Lombroso.

Sin embargo, hay cientficos que explican la homosexualidad en clave determinista y base biologisla Weill, Henry, Le Vay, Alien, Gorski y Hamcr son algunos de ellos. Y, sin embargo, sus propuestas no estn contrastadas. Sus postulados se resisten a la demostracin. A veces, en la comparacin que se hace entre dos o ms autores, aquello que se argumenta, resulta contradictorio.

Por ejemplo, para Weill, los homosexuales tienen desarrolladas las caderas. Para Henry, por el contrario, las tienen poco desarrolladas. Otras veces, lo que se presenta inconcusamente, no se evidencia en investigaciones posteriores. As: para Le Vay, los homosexuales muestran un ncleo intersticial del hipotlamo ms pequeo que el de los heterosexuales; Alien y Gorski sostienen que el conjunto de fibras nerviosas que constituyen la comisura anterior del cerebro tiene dimensiones ms anchas en los homosexuales que en los heterosexuales; y Hamer no duda en afirmar que la conducta homosexual est cuasi determinada por los genes vase Hamer y Copeland, ; Horgan, ; Jordn, ; Le Vay, ; Lcwontin, Rose y Kamin, ; Plummer, Haciendo en todos los casos abstraccin de consideraciones sociolgicas y antropolgicas y de la conducta homosexual plural.

Si la organizacin social humana, con sus desigualdades de status, riqueza y poder, es una consecuencia directa de nuestras biologas Lo que somos es natural y, por lo tanto, irrevocable Pero es ms que una simple explicacin: tambin es poltica Lewontin, Rose y Kamin Y en ella radicad hecho de que la justificacin biolgica anule tericamente la condicin sociolgica del indivi duo, permitiendo en la prctica que las desigualdades sociales vayan en aumento Jordn, Que las instituciones se caracterizan por su hacer poltico es evidente.

Vemos-lo, con un ejemplo. El SIDA supuso, entre otras muchas cosas, un cambio importante para la investigacin de la sexualidad. Acadmicamente olvidada y financieramente sin apoyos, la emergencia del SIDA sorprendi a las instituciones, obligando a estas a incentivar proyectos de investigacin sobre sexualidad.

No exclusivamente 7. Sin embargo, poco dur la alegra en casa del pobre. Hl apoyo a la investigacin, financiado institucionalmente, poda significar y, en breve, signific el fbrtaleci-mienlo de la interpretacin hiomdica de la sexualidad y, por extensin, del modelo de influjo cultural antropolgico. La realidad ha mostrado que desde , las instituciones han favorecido y con creces- la financiacin biomdica de la sexualidad.

Una apuesta institucional decidida por una aproximacin que le resulta, con diferencia, menos crtica y complaciente que la que pudiera surgir, en caso de financiarse, de la investigacin social y cultural de la sexualidad.

Siendo sta menos conformista con las directrices institucionales y, por ende, menos controlable por las instituciones que la encarnan. Sin embargo, a pesar de la falta de apoyo financiero, la contribucin antropolgica y de otras ciencias sociales, a la sexualidad, desde la construccin social ha ido en aumento. Vertiginosamente, puede decirse, sin exageracin alguna, a partir de esa fecha paradigmtica, situada en el inicio de los noventa.

Quedan atrs los tiempos en que, segn Vanee , mencionar, en una reunin internacional de sexologa, que el sexo, la sexualidad y el gnero estn configurados por la historia y son productos de experiencias sociales, adems de resultar chocante, provocaban risitas nerviosas en los oyentes y el ostracismo social de quien las pronunciaba. Representaciones: sexualidad, sociedad, cultura En este epgrafe se indicarn referencias muy concretas de algunos antroplogos estudiosos de la sexualidad. Estudiosos que, en!

La antisexualidad manifiesta de las instituciones universitarias y, arrastradas por ellas, de las asociaciones de profesionales de la antropologa fue en , por primera vez, cuando la American Anlhropolgical Assoctation incorpor, como tema de debate pblico, de forma oficial, la sexualidad a su agenda no impidi, sin embargo, que escritos discrepantes, aunque marginales y marginados, o poco difundidos como el artculo de Kluckhohn, al que nos referiremos a continuacin mostraran sus reflexiones a aquellos colegas descarriados que quisieran leerlas.

De esas representaciones antropolgicas de la sexualidad, de las que aqu se rescatan algunas de ellas, que ocupan un periodo transicional, aunque muy largo, que va desde el cese de las publicaciones de Malinowski, a las primeras contribuciones del construccionismo social se tratar a partir de ahora.

Kluckhohn es un antroplogo que desde su posicin acadmica en la Universidad de Harvard tuvo gran predicamento entre colegas. Sus escritos relacionados con la sexualidad, sin embargo, son menos conoc dos.

Nada ms iniciar el escrito. Kluckhohn, en su primera frase, afirma algo que al construccionista social resultar sorprendente. Nos informa de que el inters de la antropologa radiea en mostrar la variedad biolgica y cultural de la vida humana. Recordemos que, en los cuarenta, en los departamentos universitarios de Estados Unidos, la Antropologa era el crisol protector de cuatro vertientes: la cultural, la biolgica, la lingstica y la arqueolgica. Siguiendo los criterios acadmicos del momento, Kluckhohn lo que hace es aplicar a la sexualidad las dos primeras vertientes, de las cuatro que conforman la Antropologa.

Aadir, inmediatamente despus a esa primera frase, que un inters adicional es descubrir de qu forma intervienen los factores que precipitan esa variedad, no resta fuerza al hecho de que la carga biolgica del ser humano se contemple, hoy se dira, pluralmente. Tambin se pregunta qu caractersticas definen la universalidad de las pautas, aunque en esta pregunta, 8. En las respuestas que siguen, a medida que el artculo progresa, va quedando cada vez ms claro que la variedad, a la que alude Kluckhohn, est impregnada de tintes culturales y la biologa parece tornarse en algo ms impenetrable.

Como cuando dice p. O cuando, refirindose a conductas sexuales, seala p. Quiero entender que en estas apreciaciones, que Kluckhohn extiende sobre el largo transcurrir de la historia del ser humano, la cultura, en sus mltiples formas, envuelve a la biologa, como se desprende de la primera de las formulaciones. Pero tambin parece que la opacidad eubre la transparencia y la biologa se apodera de la cultura, como sucede en la segunda formulacin. Quiere culluralizar la biologa, pero sta, a veces, se le impone como remora, como lastre indescargable.

En realidad, el autor se muestra hermtico y ambivalente. Cierta ambivalencia se nota tambin en las palabras de Kluckhohn, al indicar la forma o formas en que la antropologa puede relacionarse con el informe Kinsey. Primero, se nos dice que la sexualidad, para la antropologa, queda desdibujada, al no investigar conductas sexuales.

Y, adems, los datos no se presentan sistemticamente p. Ka pregunta de rigor es cmo se puede presentar sistemticamente lo que no ha sido objeto de investigacin previo? Luego, se nos seala, ms consecuentemente, que, as, la sexualidad que recoge la literatura antropolgica es incomparablemente ms pobre que la registrada por Kinsey y colaboradores en el informe, del que los antroplogos pueden aprender y beneficiarse.

Salvo el estudio comparativo sobre la reproduccin humana de Ford , que Kluckhohn califica de excelente, no hay produccin antropolgica de nivel equivalente.

Adems, las publicaciones antropolgicas sobre sexualidad de finales del siglo XIX y principios del XX son de nulo inters cientfico y de mencin pornogrfica. La vida sexual de los salvajes es una descripcin moderadamente satisfactoria, pero no ofrece los mnimos datos para establecer estadsticas y frecuencias de la expresin de las conductas sexuales. Una mejor calificacin parece tener el escrito de Devereux sobre la homosexualidad institucionalizada de los mohave.

Y, con l, los escritos, tambin referidos a la homosexualidad, de Westermarck y, sorprendentemente, los de un antroplogo de expresin no inglesa y, por aadidura, nunca citado por el grueso de la profesin: Requena. A pesar de reconocer que los escritos de Roheim proporcionan informacin de inters para comprender la vida sexual, su informacin no abunda en cifras y, en conjunto, no salen muy bien evaluados, por entender que su aproximacin psicoanaltica es muy sesgada.

Con este tipo de formulaciones, las preguntas que hay que hacer a Kluckhohn son qu pretende de la Antropologa de la Sexualidad? Trastocar la descripcin cualitativa que caracteriza a la Antropologa, por una aproximacin cuantitativa que recoja cifras, estadsticas y frecuencias sexuales, como parece desprenderse de su reflexin? Sustentar su versin de que los relatos antropolgicos del XIX se inclinan hacia la pornografa, por no anticiparse a la lnea seguida por Kinsey?

Finalmente, la ambivalencia se manifiesta cuando hace uso de porcentajes, con el fin de establecer una aproximacin cuantitativa que le permita recurrir a hacer comparaciones, sobre actitudes y conductas sexuales de los navaho, estudiados por l y por Leighton Leighton y Kluckhohn, , con el informe Kinsey. Al forzar de esta manera los principios antropolgicos de descripcin cualitativa, lo que consigue es un acercamiento cuantitativista al hecho sexual o, por utilizar sus propias palabras, una aproximacin taxonmica de los navaho.

Que de tacto resulta ficticio, por razones diversas: bsicamente relacionadas con conductas sexuales y conductas culturales. De forma que la informacin disponible de algunas conductas sexuales, que el mismo Kluckhohn expone p. Por ejemplo, se refiere cuantitativamente a las tcnicas utilizadas en la masturbacin y en el coito, y al tiempo que se requiere en varones y en mujeres para alcanzar el orgasmo y a las fantasas empleadas para la excitacin sexual.

Adems, sin que haya reflejo de descripcin alguna, ios contextos culturales de los navaho y norteamericanos dan interpretaciones distintas a las mismas prcticas y, consecuentemente, conducen a significados distintos, que resultan por ello incomparables. Por mucho que se 9. Forzar los hechos, como entiendo que hace Kluckhohn, para acomodarse a una comparacin que resulta ilusoria, es incurrir en posturas ambivalentes. Sobre todo, cuando por encima de las tcnicas y los mtodos cuantitativos de otras disciplinas, se sigue confiando en las tcnicas y los mtodos tradicional mente cualitativos de la Antropologa aunque a veces parezca lo contrario.

Y, adicin al mente, cuando se piensa que los significados de las conductas sexuales, producto de una difcilmente cuidadosa observacin antropolgica, permiten unir difusamente , como queda dicho, biologa y cultura.

Las conexiones biolgicas-culturales se ordenan, segn Kluckhohn, por medio de la Antropologa y redundan en puentes unitivos entre el sexo como fisiologa y el sexo corno un factor enmarcado por pautas conductuales integradoras p. Una formulacin clara de lo que es la sexualidad para la antropologa, la encontramos en Honigmann Honigmann critica el uso que los informes Kinsey hacen del material antropolgico, a la hora de establecer comparaciones con la realidad sexual norteamericana.

La crtica se cierne bsicamente en dos puntos. Por un lado, las comparaciones se hacen para demostrar la universalidad de ciertos patrones sexuales, sin que en ningn caso se tengan en cuenta las diferencias culturales de las sociedades que se comparan. Por otro, a Honigmann le parece que los informes usan fuentes secundarias, de manera que la utilizacin es excesivamente receptiva, no crtica.

As, por ejemplo, las referencias a Crawley y Westermarck. Dado que la aproximacin antropolgica al objeto de estudio est alejada del cuantitativismo adoptado por Kinsey y colaboradores y que las etnografas sobre sexualidad son escasas, se puede concluir, segn Honigmann, que la prctica norteamericana relacionada con la masturbacin, con el coito marital y con el coito fuera del matrimonio, as como los contactos homosexuales y los contactos sexuales con animales : 14 no son probablemente ni ms ni menos frecuentes que los que presentan otras sociedades.

En otras palabras, con las comparaciones usadas por Kinsey se nos dice poco. No llevan a ningn lugar, se nos hace desplazar etnogrficamente para permanecer en el mismo sitio. Por otra parte, las predicciones desarrolladas en el escrito de Honigmann, sealan la posibilidad de que algn da y de alguna forma, las conductas sexuales, gracias a las aportaciones venideras de la Antropologa Cultural, puedan ser generalizables.

En definitiva, se distancia de los informes Kinsey, por ignorar la cultura, en general, y las diferencias culturales, en particular. Tambin rechaza los criterios de universalizacin que de los informes se desprenden, pero lo hace para acercarse a esa misma presentacin universal de conductas sexuales, basndose en aspectos estrictamente culturales.

Llega, en suma, a un mismo objetivo, por otra va: la de las leyes de una cultura sexual que refleja conductas universales.

El hecho de que el inters antropolgico, como en las ciencias naturales y, ms precisamente, en las biorndicas, se centre en la bsqueda de patrones universales, conduce a Honigmann a un dilema no resuelto, especie de callejn sin salida. Para l. Por el contrario, el antroplogo trata de proponer criterios de validez transcultural.

Sin embargo, dadas las limitadas contribuciones de las investigaciones antropolgicas al desarrollo del conocimiento de la sexualidad, el establecimiento de patrones universales, se hace en la prctica imposible.

Honigmann es muy consciente de ello, lo que, sin embargo, no le impide adoptar criterios de formulacin por anticipatorios que fueranuniversal. La escasez etnogrfica-descriptiva sobre sexualidad es la que obliga a Honigmann a mostrar un pobre elenco antropolgico de referencias bibliogrficas: Pedrals, Malinowski y Ford y Beach. De Pedrals autor, por cierto, difcilmente encontrable en las referencias posteriores de los Mejor calificacin le merecen las obras Patterns of Sexual Behavior versin espaola: Conducta sexual, Fontanella, que Ford y Beach este ltimo profesor de psicologa, no antroplogo publican en y A Comparative Study of Human Reproduction de Ford Estudio comparativo de la Reproduccin humana , publicada en , porque permiten hacer algunas generalizaciones de carcter universal.

Cabe preguntarse si el hecho de que los antroplogos, en aqul entonces, empezaran a acompaar a psiclogos y psiquiatras, a hacer predicciones universales, se debe, en parte, a Honigmann. Este antroplogo, con decisin, siguiendo postulados de la llamada teora de cultura y personalidad vase Honigmann: intenta hacer ms alcanzables los objetivos de universalizacin de conductas. Sorprende, no obstante, que Honigmann se decante por la va de pagar tributo antropolgico, por ese acompaamiento en su recorrido a la Psicologa, cuando sta, al formular sus generalizaciones sobre las conductas sexuales, apenas se distancia de los conocimientos de sexualidad que se tienen en la sociedad norteamericana.

Lo que, por lo dems, reconoce el propio Honigmann, aunque sea en un difcil juego de prestaciones y equivalencias, que en la prctica le hace incurrir en contradiccin. Instituir el establecimiento de comparaciones de base sexual, hacindolas emerger de patrones de comportamiento norteamericano, para, a travs de ellos, realizar la proyeccin de pautas y patrones sexuales de otras culturas, y, as, llegar a la universalizacin del hecho sexual, no dejaba de ser un empeo inalcanzable en la poca.

No slo por las dificultades comparativas, al no brindar la Antropologa suficientes etnografas sexuales, sino tambin por dificultades de tipo conceptual. Si se nos dice, por ejemplo p. Para comparar, adems de tener elementos de referencia que permitan la comparacin, es decir, etnografas sexuales, se requiere que aquello que se compara sea de base uniforme. De lo contrario, los elementos comparables, al diferir y, a pesar de ello, uniformarse, chiman.

Resultan incomparables conceptualrneme. Cmo se puede expandir la idea de los sistemas de educacin formalizada a culturas que carecen de ellos? Con quines se comparan las mujeres norteamericanas de educacin elevada? Con las trobriandesas, en cuya sociedad estaba ausente la escolarizacin?

Con las mujeres de alto nivel social que reeiben educacin por va de iransmisin oral, de las distintas etnias grafas africanas, estudiadas por Pcdrals? Y los orgasmos de esas mismas mujeres norteamericanas, con los orgasmos de las mujeres que han sufrido la ablacin sexual y padecido el hecho de que sus dtoris fueran extirpados y sus vaginas infibuladas?

Slo es posible de una nica forma, por medio de ficticias comparaciones que intentan posibilitar la proyeccin universal. Esencial izando transculturalmente el discurso. Sin embargo, el hecho de que lo formulado con anticipacin no se cumpliera no resta un pice de valor a unas proyecciones que se realizaron con seriedad, rigor y valenta.

Otra cosa es que, aos ms tarde a las formulaciones de Honigmann, se llegara a conclusiones no vislumbradas en sus escritos, como es el caso de tener que admitir que no slo las conductas sexuales, sino tambin las propias ciencias que entienden la sexualidad, la Psicologa y la Antropologa, sin ir ms lejos, estn condicionadas histrica y cultural mente.

Y, adems, los significados que se dan a las conductas sexuales, lejos de obviar al individuo, constituyen a ste en actor representativo de sus actos en sociedad. En las negadas actividades corporales del individuo, que le transforman Que cobran, junto al hecho de entender la sexualidad como un acontecer enmarcado y ajustado a estructuras sociales particulares y concretas, gran relevancia en el modelo de referencia que fomenta el construccionismo social.

El tercer caso a sealar es el de Trager Una vez ms se parte de la base de que cualquier antroplogo que quiera investigar sobre sexualidad, en general, o, ms concretamente, sobre la sexualidad de una cultura determinada, se enfrenta a la ausencia de informacin y a la renuencia y aversin de las instituciones acadmicas a ese tipo de estudios.

Y, esto, de forma sistemtica. En palabras del autor p. Para llenar ese vaco sistemtico, Trager recurre a una metfora lingstica. Partiendo del acuerdo generalizado de que e lingista, una vez encontrados los sistemas fonolgicos y morfolgicos, puede pronunciarse acerca de la semiologa de la lengua, decide su aplicacin a la sexualidad.

Cmo lo hace? Estableciendo una gua metodolgica que le permite analizar culturalmente la sexualidad. As, segn Trager, siguiendo los pasos sealados por la gua, el antroplogo podr ordenar y presentar un material consistente y sistemtico p.

Adems, la actitud metodolgica comparativa adopta la flexibilidad suficiente como para que los resultados sexuales a obtener refieran a una misma cultura o a culturas diferentes. Las maneras de alcanzar el objetivo tambin es transparente. Incluso, pudiera decirse que fcil: por medio de tres niveles, que Trager llama procesos.

Un primer nivel, lo sita en el contexto cultural; un segundo nivel, queda establecido en el contenido del sistema cultural; y un tercero y ltimo, en el funcionamiento de ese mismo sistema. Estos tres niveles ayudan a desentraar las pautas culturales de la sexualidad por medio de un anlisis procesual.

Una subdivisin posterior permite que los niveles o procesos, una vez analizados, den lugar a la ordenacin de las distintas actividades sexuales, que quedan enmarcadas en reas y constituyen un total de nueve. Trager las llama focos culturales y establece nombres especficos y concretos para cada una de ellas. El proceso de fragmentar lo ya fragmentado y subdi-vidir lo ya subdividido no se detiene en los teos.

Los nueve focos culturales se ramifican en veintisiete mbitos culturales y, en ese desgajamiemo continuo, los mbitos culturales se transforman en ochenta y un sistemas culturales Con el fin de ejemplificar de forma concreta lo anteriormente expuesto y tambin de manera que sirva de gua metodolgica a otros antroplogos, Trager muestra p. Concretamente el que llama bisexualidad.

Entendindose por tal no el concepto que hoy se tiene de ella, sino los rasgos fsicos del dimorfismo sexual, que diferencian de manera convencional y limitada al varn de la mujer.

Este es, en sntesis, el esquema de anlisis cultural del sexo de Trager. La reiterada incidencia de Trager a referencias culturalistas, no conduce, sin embargo, la sexualidad a un umbral cultural. A un marco de cultura, como pudiera parecer en un principio. En consecuencia, lleva a engao. Porque tanto los procesos culturales de los distintos niveles de contexto, de contenido y de funcionamiento, como los llamados focos culturales, mbitos culturales y sistemas culturales, no tienen la relevancia que indican las continuas subdivisiones.

Las ramificaciones culturales que se nos muestran, crean, a medida que se extienden, la falsa sensacin de ser generadoras de una acumulacin muy rica en matices, que nacen del fondo de la organizacin social. No es as. El sustrato de la ramificacin cultural de una organizacin social dada, para Trager, no tiene fondo cultural.

Sus bases estn firmemente encerradas en la naturaleza biolgica del ser humano p. El biologismo de Trager es mucho ms radical, con diferencia, que el de Honigmann y el de Kluckhohn. Su determinismo biologista, hace que la cultura de la sexualidad, a pesar de que parezca lo contrario, tenga una presencia real Que est determinada, hasta tal punto, por la biologa, que sta haga de aqulla una mera referencia encerrada en puntos ciegos de expresividad y diversi dad sexual. Trager, adems, aade, para dar ms solidez a su reflexin terica, que la biologizacin de la cultura de la sexualidad se sustenta no slo en su proposicin.

La mayor parte de los antroplogos de la poca siguen la misma idea. Y en esto, con las diferencias de nfasis pertinentes, por supuesto, lleva razn. Es, pues, en la biologa, no en la cultura, donde se encuentra la esencia de la sexualidad.

Que en Trager se configura fundamentalmente porque el ser humano, ante todo, es un mamfero con presencia sexualmente dimrfica. Es el mamfero de dos sexos lo que le conduce a formular la bisexualidad como foco.

Y ms, como epicentro de la cultura. Porque las manifestaciones culturales, cualesquiera que sean ellas, y la sexualidad, como expresin de la actividad cultural no es excepcin, estn basadas y predeterminadas biolgicamente.

Sus fundamentos, dice Trager, radican en la naturaleza biolgica y neurolgica del ser humano y, por extensin, en la naturaleza del universo fsico. Y refirindose de forma precisa a los dos sexos de ese universo, diferenciados biolgicamente, apuntala su visin de la sexualidad del varn y de la mujer, cuando afirma que la actividad cultural de las actitudes y conductas sexuales, hay que deducir de sus palabras de ambos, emerge de esos cimientos fsicos y fisiolgicos que procuran y modelan su existencia.

Menos radical, en cuanto a posicionamientos interpretativos de la sexualidad, es la reflexin terica de La Barre La inclinacin biologista de este autor es menos firme que la de Trager. Reconoce y da crdito a unas bases primarias biolgicas pero no se identifica con la sobredeterminacin biolgica que resalta los instintos. Lo instintivo, especie de impulso irrefrenable del ser humano, est sobredimensionado por la biologa. Expresamente, la representacin biolgica de tal cuo, para La Barre, es una tentacin que llama p.

Y para un humanista, como el mismo se define, no es de recibo. En una serie de subdivisiones, que recuerda el estilo de Trager, la sexualidad del ser humano, para La Barre, puede taxonomizarse en al menos diez niveles, que se renen en tres grupos. En concreto, hay una sexualidad primaria, otra secundaria y, finalmente, una sexualidad terciaria o de tercer grado.

En este orden de presentacin, de grados o de importancia , resulta obvio decir que la sexualidad primaria es la sexualidad bsica, la de mayor relevancia, la que da forma y consistencia a las dems. Pues bien, esa sexualidad primaria y bsica tiene distintos componentes. Cuatro, en total, pero todos ellos estrictamente enfundados en la biologa o en la morfologa anatmica de ella derivada.

Los componentes son: el sexo celular o cromosmico, el sexo gonadal, el sexo genital externo y las estructuras de reproduccin accesorias internas, refirindose, el autor, en concreto, al tero y la prstata.

As, la sexualidad primaria, en s misma, constituye una representacin fuertemente biologizada, que predeterminar la representacin cultural del individuo en sociedad. La configuracin anatmica de la sexualidad primaria evoluciona con los aos, dando lugar a lo que La Barre llama sexualidad secundaria. La sexualidad primaria en su evolucin posibilita la emergencia de la sexualidad secundaria.

Que no es ms que la aparicin en la adolescencia de los rasgos corporales de la diferenciacin masculina y femenina. Hombros anchos del varn, frente a caderas anchas de la mujer y todo lo dems: distribucin corporal de la grasa, del vello, estatura etc. En este nivel o tipo de sexualidad, que pudiramos llamar transicional, la biologa se somete a un ligero y superficial contraste cultural.

Si los rasgos biolgicos-anatmicos individuales no se ajustan al estereotipo cultural por ejemplo, un hombre excesivamente bajo o una mujer excesivamente alta, al no representar la estatura que el entorno cultural de la sociedad espera de ellos, aunque stos tengan una sexualidad completamente normal p. Lo que La Barre no explica es por qu la biologa y, por extensin, la sexualidad primaria y secundaria, son productoras de diversidad.

Especialmente cuando el estereotipo biolgico de dimorfismo sexual, la configuracin biolgica de los dos sexos diferenciados es rota por la propia biologa. Adems, La Barre indica como la cultura, por medio de sus variantes, hace que los mismos rasgos de configuracin anatmico-biolgica tengan distintas lecturas en distintas sociedades.

Lo hace recurriendo al ejemplo tpico de la obesidad de las mujeres valorada en Turqua y rechazada en Estados Unidos. Y, como contraste, lo compara con la delgadez de la mujer norteamericana valorada en Estados Unidos y devaluada en Turqua. La Barre no se Y tampoco la alta estima de la delgadez de las actuales mujeres turcas ms occidentalizadas. En la llamada sexualidad terciaria es donde La Barre se inclina por dar ms peso a la cultura.

Por medio de la asignacin de sexo, del rol de gnero y de la orientacin de gnero. Producindose, as, que las diferencias culturales de masculinidad y feminidad sean significativas. Hasta el punto de que el estereotipo cultural de lo masculino y lo femenino se resquebraja al someterse a comparacin intercultural. Las normas culturales de una sociedad, al compararse con otra sociedad, que tambin instituye sus propias normas culturales de regulacin, muestran como las conductas que para ella son signos de expresin sexual, dejan de serlo para la otra.

Cuando los bereberes se pasean con las manos entrelazadas, dice La Barre, no es una muestra de inclinacin sexual, es un signo de amistad. Y continua diciendo, el beso sagrado, boca a boca, que, tiempo atrs, los hombres de los Apalaches se daban dentro de la iglesia, antes de iniciar el culto de la manipulacin de serpientes, tampoco tiene significacin sexual. Ms an, las normas culturales de las conductas sexuales, para unas sociedades; y con significacin distinta, amistosa o de cualquier entidad no sexual, para otras , al compararse, permiten, a La Barre, extrapolarlas, a una misma cultura.

Pasa, as, de la comparacin intercultural a la comparacin intracultural. El factor que introduce aqu, para permitir la comparacin, es el factor tiempo. Y, con ello, nos quiere proporcionar la posibilidad de contemplar los cambios histricos de expresin sexual. Esta afirmacin, junto a las diferencias interculturales de la sexualidad, podran hacer de La Barre un construccionista social avant la lettre.

Un adelantado de la teora de la construccin social de la sexualidad. Pero es difcil la homologacin en ese sentido porque, aparte del sentido biolgico de algunas de sus ideas, a travs de los ejemplos que utiliza se obtiene la impresin que el nfasis impuesto en el factor tiempo se desvanece. Cuando dice p. Lo que realmente compara son las pautas sexuales de unos pocos y, en concreto, Luis XIV, con las pautas sexuales silenciadas de la inmensa mayora de los ciudadanos de la poca.

As, desdicindose de la intencin, el factor tiempo es un factor de referencia a una poca, ms que un factor temporal comparativo, referenciado a distintas pocas. En suma, el posicionamiento de La Barre le hace situarse entre dos extremos. En uno sita la sobredimensin biolgica de la sexualidad; en el otro, la sobredimensin cultural, propia de los antroplogos culturales, pronos a los excesos relativistas.

Esto para nuestro antroplogo es un caos. Aquello, una certeza en forma de dogma. Alejndose de dogmatismos biolgicos y de caticos relativismos culturales, aboga por un humanismo interpretativo de la sexualidad. Y, as, como humanista, seala p. Haciendo hincapi en las diferencias, no en la diversidad.

Reconceptualizar la sexualidad desde la antropologa Hemos visto, en el epgrafe precedente, como la aproximacin biolgica de la sexualidad, no resultaba incompatible con la aproximacin cultural, propia de la Antropologa de esa denominacin. Es ms, no slo no era incompatible, sino que, al ser las bases biolgicas el fundamento de la sexualidad, la biologa jugaba un papel predominante y hegemnico. Biologa y cultura convergan desequilibradamente. As, la interpretacin de la sexualidad, por muchas capas superpuestas de variantes culturales que tuviera, en ltima instancia, vena dada en clave biolgica.

La superposicin cultural asentada en los cimientos de la biologa, produca, a travs de los escritos antropolgicos apuntados con anterioridad, la impresin de estar contemplndose la imbricacin de un todo consistente y compacto.

Sin embargo, la consistencia de ese todo, de dos polos, biolgico y cultural, resultaba engaoso. No exista de hecho tal bipolaridad. Su existencia hubiera requerido que biologa y cultura tuvieran un mismo Lejos de esa nivelacin que conduce a la consideracin de las dos partes como iguales, la biologa se comportaba con propiedades demirgicas y la antropologa adoptaba caractersticas bioflicas; es decir, de biofilia, de amor a la biologa.

La vida en sociedad, lejos de interpretarse con patrones de culturofilia, estaba inyectada, aunque resultara contradictorio, de cultura biologizada. Se trataba, pues, de sociedades bifilas; la vida en sociedad estaba resuelta por la biologa. Porque, en puridad, la programacin de la biologa, al adentrarse en la organizacin social y determinar la cultura, se transformaba en ideologa y actuaba en forma de milenarismo cientfico.

Aunque, paradjicamente y sin pretenderlo, la biologa se reconverta a s misma en cultura. A manera de ejemplo, esa bipolaridad desmedida y desmentida, nos recuerda algo parecido a lo que sucede, a la bipolaridad de sexos y de gneros.

Varones y mujeres y roles masculinos y femeninos constituyen la representacin de un modelo bipolar. Modelo que no colma las aspiraciones y expectativas de las mujeres, al haber dado mayor peso hegemnico en sociedad a la proyeccin biolgica-cultural de los varones.

El modelo unitivo de la biologa y la cultura, como en el modelo de influjo cultural, es, pues, un modelo bipolar ficticio, cuya propensin terica se trunca y quiebra de continuo en la prctica societaria. La construccin social de la sexualidad surge del rechazo de esa imbricacin modlica entre biologa y cultura. Y de su imposibilidad prctica. La tenencia terica del modelo bipolar de la interpretacin de la sexualidad, sustentaba en sus races un hacer prctico de imposible cumplimiento.

Las prcticas culturales de la sexualidad desbordaban los lmites del modelo de base biologista. A las leyes de la naturaleza, propugnadas por el esencialismo biolgico del modelo, cabra aplicar lo que Martin Rees seala para el cosmos: la naturaleza en forma de leyes no es otra cosa que la proyeccin de reglamentos locales, presentes en la realidad como consecuencia del big bang. As, las leyes biolgicas, su normativa esencialista y su codificacin de la naturaleza en forma de proyeccin universal, quedan anilladas por las sociedades y por las expresiones culturales de la sexualidad, que en ellas se concitan y producen.

Son las culturas las que posibilitan o entorpecen la naturaleza biolgica de la sexualidad. A medida que las interpretaciones hundan sus races en la biologa, el modelo se haca ms ininteligible desde la cultura. Haba una fisin de ese supuesto todo biolgicocultural. Biologa y cultura resultaban divergentes o, al menos, no convergan.

La cultura no pareca confirmar los principios unlversalizantes de la biologa. Ms an, los transgreda. Por ello, el modelo bipolar deja de tener sentido para el construccionismo social de la sexualidad.

Adems, el par de opuestos, desnivelado en trminos de hegemona, que representa, por un lado, el esencialismo y universalismo biolgico, y, por otro, las variantes del relativismo cultural, se desvanece en los escritos de los construccionistas sociales de la sexualidad. De todo ello se desprende que para los construccionistas sociales comprender la sexualidad significa transformarla de sentido. Pasar de un sentido de interpretacin biolgica, a un sentido de interpretacin socioantropolgica.

La sexualidad, como el trabajo y el ocio, como la gastronoma y las composiciones musicales, y, en general, como todo lo que acaece en sociedad, forma parte de un repertorio que surge como producto del quehacer polivalente humano.

Este es el sentido que daba Rubin a la sexualidad, cuando en un artculo, considerado como pionero y seminal en el mbito del construccionismo social antropolgico, seala que la sexualidad biolgica en sociedad deja de ser tal, transformndose en sexualidad activamente humana.

Artculo equiparable, en lo que refiere a anticipacin, al de Me Intosh , en relacin a la identidad y los roles de los homosexuales en sociedad; lo que, como se sabe, supuso el inicio de la transformacin interpretativa de significados de la homosexualidad. Adems en estos nuevos lindes construccionistas de interpretacin de la sexualidad, la reproduccin deja de ser destino nico.

La sexualidad ya no es equiparable a reproduccin. La reproduccin como objetivo del coito penevaginal, como ncleo duro del acto sexual, se transforma en opcin a elegir, y, en consecuencia, su universalizacin se erradica. Con lo que se favorece la supresin de las diferencias convencionales de gnero, en el sentido de que la reproduccin de la mujer, como fin inexcusable a alcanzar, deja de constituirse como el gran diferenciador respecto al hombre.

Por extensin, los actos sexuales, con independencia de su Tienen que pasar por la significacin del tamiz cultural. Y, adems, apartndose de ideas biolgicamente preconcebidas y asumidas como inalterables, se descargan de etnocentrismos, reductores de la diversidad sexual y dejan de ser parmetros omniabarcantes.

El contraste de significados que ofrecen las distintas sociedades y las culturas que las forman, en el construccionismo social se resaltan. De realidades sociales diferentes no se puede asumir que los actos sexuales que las configuran puedan tener el mismo significado, pudiendo extraer de ellos una sola lectura. Lafellatio de los sambia no tiene el mismo registro cultural para la sociedad aludida que el que viene dado por las culturas occidentales.

Sus significados difieren. Las sociedades regulan la sexualidad. El significado de las conductas sexuales es resultado de la organizacin social. El semen que un adolescente sambia traga, por medio de lafellatio, le sirve para crecer, masculinizarse y hacerse adulto. As lo concibe y regula la sociedad sambia vase artculo de Herdt, en este libro. Nada que ver con la concepcin de lafellatio en las sociedades occidentales. Ms an, para un esencialista, la ingesta de semen de un nio sambia, estara ms prxima a la biologa, que a la cultura.

Sera una etapa de crecimiento del varn, una hormona que ayuda a masculinizarse. Claro que esto es una apreciacin esencialista, hecha por alguien que no lo es. Una ficcin que sirve para ilustrar como lafellatio es alterable en significados. Es su contenido cultural, no el biolgico, lo que le confiere significado y diversidad.

Idear lafellatio, es idearla so-cialmente. La sexualidad en conjunto es ideada socialmente. Las culturas dan forma y contenido a las conductas, a las experiencias y a los actos sexuales en sociedad. Las culturas articulan, vertebran, codifican y perfilan las prcticas sexuales de sus ciudadanos. Enmarcan, etiquetan y regulan la vida sexual. En la cultura radica el marco que posibilita establecer esquemas de anlisis sexual. Por esta razn, hoy, el esquema del anlisis cultural del sexo de Trager sera redundante, casi constituira un pleonasmo.

Porque si se parte de un. Enmarcar la sexualidad culturalmente, por lo dems, significa expandir su concepto y comprensin. Porque el concepto cultural de normal, no sometido al imperativo y preprogramacin de lo biolgico, tambin se expande. La muestra plural de la sexualidad, las sexualidades, las culturas sexuales lo permiten. Y no slo eso. Tambin permiten establecer criterios interpretativos de la sexualidad, que arrancan de raz los patrones etnocentristas.

De hecho, la construccin social y cultural de la sexualidad proporciona herramientas de interpretacin que horadan conceptualizaciones que quisieran ser fijas y estables. As, se pasa de la perversidad sexual, a la diversidad sexual. De la hipocresa de la doble moral, al reconocimiento de lo plural. Un nuevo diapasn afina la sexualidad. Por otro lado, la sexualidad al expandirse comprensivamente, al pluralizarse y diversificarse culturalmente, resalta no slo conductas y prcticas mltiples, sino que tambin las corporaliza.

Las da cuerpo. Pasa de la presentacin conductual, a la concrecin corporal. Materializa, en carne, proyecciones y tendencias, hechos y conductas. Encarna los cuerpos; y en su hacer les da vida. Les hace centro de sus observaciones. Y en la observacin, observadores y observados devienen inseparables, para dar sentido a la relacin que se establece entre ellos.

Y ulteriormente, para dar sentido a los actos que se observan, analizan e interpretan. Se incorporan los cuerpos a la cultura de la sexualidad.

Y, adems, la sexualidad de los cuerpos se agranda. Ya no se trata slo la genitalidad corporal; la genitalizacin de las conductas deja de ser nicho excluyente. El hecho genital, como configuracin central y exclusiva de la sexualidad, impide la comprensin de la expresin y manifestacin de otros nichos erticos del cuerpo.

Adems de que el hecho genital, al actuar exclusivamente como mediador de la reproduccin, limitaba lo plural de la expresin sexual de los cuerpos. As la expansin de la sexualidad, al observar, en concreto, los cuerpos, hace de stos una pasin polimorfa. Porque a la mayor dimensin ertica de los cuerpos, a la fsica corporal en su totalidad, hay que aadir sentimientos, fantasas y sensaciones.

Potencindose, pues, otras vas de comprensin de lo corporal. No interesan slo los actos sexuales en s mismos, tambin interesan los sentimientos que subyacen en la accin. Etiquetas Consejos sexuales Sexo Sexo anal. En mi caso, cuando practico el pegging es porque al hombre le gusta y lo pide. Creo que algunos hombres no se atreven a probar con otros hombres,siguen con su sentido bisexual escondido, y por ello buscan a una mujer que les penetre analmente.

Pues a mi novio le gusta el pegging de vez en cuando, muy despacito y sin entrar hasta dentro del todo, por eso estamos pensando que un vibrador para la prostata puede ser mejor no? Desde luego, Rebeca. Siempre me he fijado sexualmente en mujeres y hombres como buen bisexual pero no me atrevia a estar con hombres.

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